No entender porque actúas de cierta forma, intentar salir de un bucle en el que tu sola te has metido y no sabes cual es la salida. Saber que esto te está dañando y ya que ni contar de la gente que está alrededor de ti y que no tiene culpa de nada. Desear que nadie esté a tu lado, porque no quieres dañarlos. Mirar alrededor y ver que nada funciona en tu vida, hace que el miedo muerda, y muerda tan fuerte que desees desaparecer. Cuando digo desaparecer, no me refiero a desaparecer de la vida, sino de mi vida, de esta situación que me quema, y que cada día lucho e intento cambiar, pero al día siguiente al despertar todo sigue igual. En mi interior se que la vida es un regalo, que hay que aprovechar, que hay que agarrar, que hay que aprovechar, y lo intento una vez más.
Pero me despierto y siento una vez más que estoy gritando, mientras la gente a mi alrededor ni me mira y ni tan siquiera es capaz de verme. Acaso no todos nos hemos sentido así alguna vez. El otro día le comenté a "mi media mandaria" (mi hermana) que no sabía que me pasaba que de pronto me ponía triste y no tenía ganas de nada, y ella me dijo, ¿no sabes lo que te pasa? Lo raro es que sigas medio bien, lo raro es que sigas riendo como muchas veces ríes, tienes demasiados frentes abiertos y no terminan de cerrarse, eso es lo que te pasa.
Por eso hoy me quiero decirme a mi misma, lo que Mario Benedetti dice en este poema y no sólo decírmelo, sino tomarlo cómo mío, saber y comprender que tenemos una vida y que bastantes cosas nos pasan como para ser nosotros mismos nuestros propios enemigos. Y saber apreciar a las persona que permanecen, o que pasan, o que en cualquier momento de nuestras vidas son capaces de ver más allá de comportamientos, y ver el interior, la esencia como persona, lo que en realidad somos a pesar de nuestras circunstancias. Por eso hay un espacio para cada una de ellas en mi corazón, las que han creido o creyeron.

No hay comentarios:
Publicar un comentario